Un domingo al medio día de vermuts, en un trayecto entre bares, visualicé a esta chica morena y vestida muy llamativa, caminando en sentido contrario a nosotros. Avisé a mis amigos que iba a abordarla y ellos siguieron caminando. Me acerqué a ella y aunque entré directo con un cumplido, fué una conversación bastante estándar. Hablamos de nuestros planes para el día, me contó que era murciana y poco más. No recuerdo que hubiera un contacto visual demasiado intenso u otros signos de alto interés durante nuestro primer encuentro –como ocurre otras veces– más allá de darme su contacto sin rechistar.
Esto ocurrió a principios del mes pasado, y desde entonces solo habíamos intercambiado un par de mensajes sin importancia el día que nos conocimos. No por falta de interés por mi parte, ya que la chica me pareció un bombón, sino porque durante ese tiempo puse toda mi energía mental en conquistar a la princesa rusa y en entretener a la americana, por lo que no daba más de mí. Pero por fin cayó la princesita y aquello fue una gran liberación. No puedo evitar sentirme un poco mal por ser tan perro, pero poco después de haberme anotado el +1 con la rusa, me puse a enviar mensajes a todas las chicas que tenía pendientes, entre ellas la protagonista de esta publicación. La murciana fue la única que me siguió el rollo, y en pocos mensajes acordamos vernos un sábado por la tarde.
El día de la cita se prensentó muy mona, ni remotamente tan elegante como la pincesa rusa, pero llevaba una falda larga muy ceñida que dejaba apreciar una figura espectacular. No recordaba que fuera tan alta, por suerte llevaba zapatillas bajas tipo Converse ya que si se hubiera puesto el más mínimo tacón ya habría sido más alta que yo.
Hice el mismo recorrido que suelo hacer en muchas de mis citas. La llevé exactamente a los mismos bares que a los que llevé a la americana, entre otras. En el primer bar nos posicionamos en la barra, todo empezó demasiado cordial, hablando de trabajo, familia, etc. Me suele resultar difícil animar este tipo de situaciones, pero esta vez me propuse forzarme a escalar si fuera necesario aunque eso supusiera espantarla. Prefería perderla por pasarme que por quedarme corto. En un principio ella no me daba nada de material para flirtear –o simplemente yo no lo supe ver– así que opté por ser más directo verbal y físicamente. Viéndolo en retrospectiva, creo que le faltó algo de “push” a este “pull”, pero el caso es que funcionó y empezó a caldearse el ambiente. Para enfatizar cualquier cosa que yo decía, agarraba su brazo, muslo, tocaba su pelo y cuello, y así iba escalando progresivamente, lo cual ella recibía algo tímida pero con agrado.
Después de un par de vinos en el primer bar nos movimos al siguiente. Por el camino ella me preguntó que si me importaba que se fumara un cigarrillo de liar. Le dije que no me importaba, con la condición de que me dejara liarlo –no fumo pero me resulta divertido hacer esto. Ella me dió los ingredientes y me puse manos a la obra. Mientras lo liaba, le dije algo como: “espero que no te importe que lo ensucie con mis babas, porque cuando te de un beso…” y seguidamente la agarré por la cintura con el brazo que tenía libre y la acerqué hacia mí para besarla. Ella hizo un pequeño amago de apartarse y dijo: “pero ya tan pronto quieres besarme?”. Volví a por ello y ahora sí, me siguió y nos dimos un pequeño beso de 5 segundos con un poquito de saliba.
Con el cigarro liado, nos sentamos en la terraza del segundo bar y pedimos unos cocteles. Aquí ella empezó a mostrar más interés, un par de veces dejé caer que más tarde en mi casa podría enseñarle mis discos con el último vino y a ella pareció gustarle la idea. Después del coctel ya íbamos ambos bastante afectados por el alcohol pero aún así se me ocurrió la “genial” idea de pedir unos chupitos de tequila. Tomamos los chupitos con limón y sal, pagó ella los cocteles y nos fuimos a mi casa.
Entramos a mi portal, subimos al ascensor y en cuanto se cerraron las puertas de este empezamos a enrollarnos, esta vez con mucha más lujuria, estaba claro lo que iba a ocurrir en unos momentos. Una vez dentro de mi casa, serví un par de vinos, puse música y empezamos a enrollarnos de nuevo en el sofá mientras nos íbamos desnudando. Ya estaba muy caliente la cosa, me levanté, ella seguía sentada, me posicioné de pie delante de ella, empecé a desabrocharme la cremallera y ella supo instantáneamente como seguir. Me la sacó del pantalón, se la metió en la boca y yo estuve durante unos minutos en el paraiso observando a ese ángel de Murcia, todo morenita y guapa, chupándomela como una loca. Ahora me senté yo en el sofá y ella se posicionó delante de mí, mostrándome su tanga que en la poca tela que tenía en la parte frontal ponía algo como “choco-crisp” y mirándome con cara de mala sabiendo que me iba a gustar y venía preparada para la batalla. Me levanté la hice inclinarse y apoyar las manos sobre el sofá y se la metí en caliente. En este punto después de la mamada increíble que me acababa de hacer yo ya estaba muriéndome intentando aguantar correrme. Pasamos a mi cama, la monté un rato, y me hizo el clásico de posicionar mi mano sobre su garganta para que la ahogara mientras la follaba. Para la decepción de ambos, en pocos minutos me corrí. “Nooo!!! ya???”–se quejó por mi pésimo rendimiento. Me encantaba la chica y quería por supuesto volver a verla, así que no quería de ningún modo dejarla insatisfecha. Intenté descansar un poco y tener una segunda ronda. Pero a pesar de que es una de las tías más buenas con las que he estado en mi vida, no conseguí ponerme completamente duro de nuevo, estaba totalmente descargado, cansado y borracho, empezaba a perder la esperanza. Descansamos un rato, bebí agua, jugué con ella e intenté de mil formas animarme otra vez. Tras un rato y mucha concentración mental, volvió a circularme la sangre y volví a montarla de nuevo. Pero eso no fué suficiente descanso para mí, y se me bajó la erección estando dentro de ella. Se la saqué e intenté darle algo de placer con la mano y la boca. Pero ella parecía también algo impaciente porque la follara de nuevo y decidida a ayudarme en mi misión por ponerme a tono de nuevo, tuvo la horrible idea de meterse mi polla flácida en su boca. Y esta fue una de las situaciones más horribles que he tenido en la cama con una mujer en mi vida. El recuerdo de verla sobre mí, con mi polla flácida en su boca en un intento desesperado por darme una erección, es una imagen que me será muy difícil borrar de mi mente. Aunque le ofrecí pasar la noche en mi casa e intentarlo de nuevo a la mañana siguiente, ella prefirió irse a la suya, supongo que no se sentía cómoda después de lo ocurrido.
Hace ya unas cuantas semanas de esto y aunque he intentado volver a establecer contacto, no he vuelto a saber nada de ella. Obviamente no me extraña, la forma de conocerla fue mediocre, la cita también, no hubo mucha conexión entre nosotros y el sexo fue muy deficiente. No puedo evitar salir con mi ego masculino un poco herido después de la forma lamentable en que terminó este agridulce capítulo de mi carrera de seductor, pero a mal hecho, ruego y pecho.