Era un sábado por la tarde, había quedado con unos amigos aquella noche pero hasta entonces tenía unas horas libres, así que salí a dar una vuelta por el Barrio de Salamanca, que es una de mis zonas favoritas para el daygame. Existe bastante consenso entre mis amigos que practican este Deporte sobre que esta no es la mejor zona de la ciudad en cuanto a volumen de chicas abordables, pero para mí, las pocas que frecuentan estas calles suelen ser del perfil que a mi me gusta. Haciendo un análisis de esta zona a lo Pancake Mouse, digamos que por aquí predominan los tacones, mocasines y diversos zapatos de vestir, y eso suele ser señal de buenas reacciones.
En la calle
Salí de casa algo apático, sin muchas ganas de hablar con nadie. Sólo me apetecía dar un paseo tranquilamente y hacer unas compras. En mitad del paseo me paré a mirar el escaparate de una tienda, hasta que mi radar captó una bonita figura femenina cerca. Pasó caminando por mi lado y por alguna razón me bastó sólo verla de perfil para que despertara mi interés. Caminé hacia ella y comencé a hablarle desde el lateral mientras me posicionaba frente a ella. No fue un abridor muy original, básicamente le acusé de distraer mi atención e interrumpir lo que estaba haciendo porque me había parecido muy mona. Respondió positivamente y noté que aunque hablaba español tenía acento extranjero. Me dijo que era de Estados Unidos, y yo, como suelo hacer en estos casos me cachondeé de ella diciéndola que era una guiri. Era una chica muy mona desde luego, con unos bonitos ojos azules, una preciosa melena ondulada y una expresión muy dulce.
Como parecía bastante receptiva le pregunté por sus planes para el resto del día y sorprendentemente ella respondió que su único plan era quedarse en casa viendo una película. Cualquier jugador un poco experimentado sabe que esto es una situación muy conveniente para plantear una cita instantánea o proponer quedar esa misma noche, así que eso hice exactamente. Primero intenté la cita instantánea, que ella rechazó, pero propuse alternativamente vernos en un par de horas por mi zona “porque tiene delito no salir a tomar algo una noche de sábado con este tiempo tan agradable”. Pareció gustarle la idea y aceptó. Después seguimos conversando un rato, apunté su número de teléfono, nos despedimos y partimos por caminos opuestos.
Sabía que era muy probable que en un rato cambiara de idea y nunca volviéramos a vernos, como me ha pasado cientos de veces con chicas de este tipo que en la calle parecen totalmente ganadas, pero después cambian de idea y nunca más he vuelto a saber de ellas.
Primer bar
Un rato antes de la hora que acordamos, le envié un mensaje para confirmar la cita y ella respondió afirmativamente. Se presentó puntual, pero yo como buen español llegué un poco tarde. No me suele pasar y no lo hice intencionalmente, sino porque a última hora me puse a hacer una limpieza rápida de mi apartamento –por lo que pudiera pasar esa noche– y por ello me retrasé unos 10 minutos. Lo bueno es que gracias a este cliché de que los españoles llegamos siempre tarde, la chicas extranjeras muchas veces esperan que sea así, por lo que no suele ser problema retrasarse un poco. Desde luego no lo fué en este caso.
Caminamos hasta el bar que tenía pensado, pero este era interior, y hacía tan buen tiempo que propuse mejor buscar una buena terraza para sentarnos en la calle. Sugerí dar una pequeño paseo y si no encontrábamos nada volveral primer bar. Durante el paseo no encontramos ni un hueco libre, todas las terrazas de los bares estaban a rebosar. Y con razón, ya que se respiraba un ambiente increíble en las calles: buen tiempo, gente joven, grupos de amigos, riendo, comiendo, bebiendo, disfrutando de esta atmósfera tan especial que tiene Madrid. ¿Se nota mucho que estoy enamorado de esta ciudad?
Completamos el paseo sin éxito y nos metimos dentro del primer bar. También este tenía bastante jaleo dentro, pero conseguimos un hueco en la barra. En principio esto puede parecer algo incómodo, pero es realmente una posición muy conveniente para, de una forma natural y poco invasiva, tener buen contacto visual y físico con la chica en el inicio de la cita. Sin duda infinitamente mejor que situarse en una mesa uno frente al otro en modo entrevista, y no tan invasivo como comenzar la cita en un sofá, que puede suponer demasiada presión en esta fase.
Desde esta posición hice un poco de juego de barra, con caricias esporádicas y mucho contacto visual, hablando frente a frente e involucrando a la camarera en un par de ocasiones. Aquí tuvimos algo de conversación más personal, iniciada por ella que empezó a interrogarme sobre mi vida y yo me interesé por la suya. Siempre es importante dar a la chica algo de información personal para dejar de ser un desconocido para ella, darle confianza y que así se sienta más cómoda, pero sin abusar de ser el centro de atención y en cuanto sea posible mover el foco hacia ella. Durante esta conversación me dijo que vivía en Madrid desde hace unos cuantos años, tenía 30 años, buen trabajo, y parecía llevar una vida bastante cómoda.
Justo en el momento adecuado, casi terminando el primer vino, el único sofá que había en el local se quedó libre, así que sugerí movernos a este y ella me siguió. Mientras seguíamos hablando de nuestras vidas, yo iba subiendo la intensidad del contacto físico, progresivamente, acariciando su pelo, brazos, piernas… Y agarrando su muslo y dejando ahí mi mano para comprobar su nivel de interés. Al principio ella no se oponía, respondía bien a todo el contacto que le daba. Pero en cierto momento fué más consciente de que la situación iba calentándose y me acusó de ser demasiado confiado por hablarle así por la calle y ahora tocarla de esa manera, señalando mi mano sobre su pierna. Confirmé sus observaciones diciéndole que “sí estaba siendo muy directo porque ella me gustaba” y seguí como si nada. Parece que fué una buena respuesta, ya que ella no paraba de sonreir y todo el rato me miraba fijamente mientras yo le contaba mis aventuras. Aunque me estaba dando todas las señales, decidí no lanzarme a besarla aún y así mantener la tensión.
Con 3 copas de vino en el cuerpo cada uno, el alcohol iba haciendo su trabajo en ambos. Se notaba que ella estaba a gusto a mi lado, y aunque hasta ese momento había habido buena progresión, me pareció que aún no era un buen momento para ir a mi casa, así que propuse en cambio visitar otro bar.
Segundo bar
Puedo decir con bastante convicción que vivo en la mejor ubicación en la que un jugador puede vivir. Mi apartamento se encuentra en un barrio céntrico de la capital, rodeado de bares de todo tipo: clásicos, modernos, cutres, acogedores, con ambiente animado o relajado, bares de tapas, cervecerías, cafeterías hipsters, discotecas, restaurantes… Es decir que a pocos minutos de mi casa tengo siempre el lugar perfecto al que llevar a cada una de mis citas a cualquier hora del día. Después de unos años viviendo con una logística bastante deficiente, no puedo estar más contento con mi nueva situación.
Tras salir del primer bar, andamos unos pocos metros de la mano –ella misma se agarró a mí– y encontramos una coctelería oscura pero elegante, decorada con buen gusto y ambiente relajado. Entramos y nos situamos de nuevo en la barra, pero esta vez en unas sillas altas bastante cómodas que eran prácticamente sillones, y que por tanto proporcionaban al mismo tiempo lo mejor del juego de barra y del juego de sofá.
También en este bar inicié conversación con los camareros y hubo un poco de cachondeo con ellos. Hago esto principalmente porque me gusta socializar, pero también porque sé que a las mujeres siempre les resulta atractivo ver a un tío que se desenvuelve bien en estas situaciones y comprobar que ella no es el centro del universo para tí.
Pedimos un par de cockteles y seguimos en la dinámica de flirteo de antes, pero esta vez en esta atmósfera más íntima. Ella volvió a interrogarme, esta vez sobre mis relaciones pasadas, le conté mi historia con mi ex-novia, que es bastante interesante, y ella me contó que había estado en una relación muy larga prácticamente todo el tiempo que llevaba en la ciudad. Al contrario de la imagen de chicas promiscuas que tienen las estado-unidenses, esta en principio parecía ser bastante “buena” y no haber estado follándose a todo lo que se mueve. Pero soy perro viejo y sé que esto solo fuera la imagen que ella quería dar. En cualquier caso, parecía haber buena sintonía entre los dos y ella cada vez me daba más indicadores de interés, verbalizó que le parecía guapo y en varias ocasiones reiteró cuánto le agradaba que la hubiera parado en la calle y fuera tan directo.
Cuando terminamos el primer cocktail, ella sugirió pedir otro más. Pero en este momento si que me pareció que era el momento adecuado para proponer en cambio tomar una copa de vino en mi casa. Ella aceptó la invitación, pagué los cockteles y salimos del local.
En el picadero
La coctelería estaba a literalmente 2 minutos de mi casa, así que fue un paseo corto. Estábamos ya un poco borrachos ambos, por lo que no recuerdo con qué pretexto pero me lancé a besarla y ella respondió con entusiasmo. Caminamos hasta mi portal de la mano y una vez dentro subimos en el ascensor enrollándonos.
Cuando entramos a mi apartamento le hice un pequeño tour por la casa, tras el cual ella se sentó en mi sofá mientras yo ponía música y servía un par de copas de vino blanco. Me senté con ella, y alternamos conversación sin importancia con besos y sorbos a nuestras copas. Creo que se posicionó ella misma sobre mí y yo aprovechaba para acariciar la piel que podía alcanzar a través de su camiseta. Le dije que le quedaba muy bien el color que llevaba, a lo que ella respondió: “ah si? y que te parece este?”. Seguidamente se quitó la camiseta para enseñarme un bonito sujetador rojo. En este momento ya no me cabía duda de que íbamos a follar.
Fué un muy buen polvo, especialmente por su alta energía sexual, que contrastaba mucho con la imagen de chica dulce y reservada que mostraba en público. Me fascinó especialmente su sex talk, ya que a pesar de hablar español casi perfecto, mientras follaba únicamente utilizaba el inglés. Nunca olvidaré sus provocativos comentarios como: “I love how you fuck me” o “do you like my tight pussy baby?”. No sólo era una maestra del sex talk sino que además era muy buena moviéndose y me la chupaba con un fervor que no había visto en mi vida, mirándome fíjamente a los ojos y haciendo “hhhg-hghgh-ghhg-hgh” mientras se ahogaba con mi polla. De forma muy convincente ella me propuso que terminara en su boca –”do you want to come inside my mouth baby?”. Por supuesto eso hice y seguidamente ella tragó todo lo que le dí sin rechistar, como quien se come un yogurt.
A la mañana siguiente volvió a convertirse en la chica buena que había conocido la tarde anterior, y mientras yo aún disfrutaba de mis últimos momentos de sueño, ella se levantó de la cama, se vistió y cuando yo empezaba a ser consciente de que amanecía en un nuevo día, ella se acercó a la cama y me dijo que “sentía que tenía que irse”, me dió un beso y se marchó sin ni siquiera dar la oportunidad de echar un mañanero.