Llegué a Palma la noche de un lunes de Mayo y me quedé hasta el jueves en la tarde de esa misma semana. Durante estos días recorrí Palma descubriendo sus calles y de paso a algunas de sus viandantes. Pero a quién quiero engañar, normalmente no era “de paso” sino que aquellos encuentros “espontáneos” no eran más que otro premeditado “set” dentro de una sesión de daygame en la que además visitaba algunos de los puntos de interés de la ciudad. Puede que desde fuera, esto parezca una actividad rara o poco moral, y en cierto modo puede que lo sea. Pero yo no me siento en absoluto mal por ello. Todo lo contrario. Creo que es una forma muy gratificante de conocer una ciudad, y que no hay mejor forma de interactuar con el lugar y sus gentes que a través de este arte que nosotros llamamos “juego”. Al mismo tiempo que te sumerges en lugares emblemáticos, creas de la nada momentos memorables en tu vida y en muchas de las personas que se cruzan en tu camino. O al menos así lo siento yo.

Estadísticas

Aun no me explico cómo he tenido estos resultados, pero así fueron:

Estadísticas de mi app "MyChurros"

Estas imágenes son capturas de la app que estoy desarrollando. Si estás interesado en probar la versión beta, puedes enviarme un mensaje a mi Twitter con tu e-mail y te añadiré a los testers.

Día 1

Golfeo del día 1

Una hora después de aterrizar dejé mi equipaje en el hotel (situado en pleno casco antiguo) y salí a buscar algo de cenar. Por el camino hablé con una chica mulata de ojos azules que estaba bailando en un semáforo. Abrí comentando la situación y a partir de ahí todo fluyó. Sugerí que me acompañara a tomar una cerveza pero se excuso diciendo que iba de camino a ver a un amigo y propuso vernos después. Más tarde, tras intercambiar varios mensajes, no conseguimos quedar. Dos días después me escribió a eso de las 15:00. Por motivos que explico más adelante, no respondí hasta la noche. Intenté quedar de nuevo y ella me hizo entender que esa era su intención pero llegué demasiado tarde.

Más tarde me paré a hablar con una rubia alemana que estaba sentada en una terraza. Me burlé de ella por estar bebiendo sola como una alcohólica y la conversación se alargó unos 10 minutos. Me preguntó si quería sentarme con ella, pero ya estaban cerrando el bar y ella estaba esperando a su amiga que era una de las camareras. Mi instinto me decía que la situación no era muy favorable y tampoco percibí demasiada atracción así que apunté su número y me fui. Le escribí un mensaje con mi nombre y un emoji (a partir de ahora lo llamaré ping) a lo cual contestó. No respondí a eso y más tarde volvió a escribirme diciendo que su amiga no iba a salir esa noche. Interpreté esto como una cegadora luz verde, así que propuse vernos. De nuevo no conseguí quedar con ella. Al día siguiente lo intenté de nuevo, sin éxito.

Día 2

Golfeo del día 1 parte 1

Por la mañana, caminando alrededor de la Catedral de Palma hablo con una chica local que me pareció mona. Esta vez no estoy demasiado fino, pero aun así me quedo su número. Como no lo vi muy sólido no le escribí nada más allá del típico ping, al que ella nunca respondió.

Unos metros más allá, en la Plaza de Santa Eulalia diviso a dos chicas, esta vez con mas apariencia guiri, pidiendo algo para llevar en el mostrador exterior de un bar. Me llama la atención una de ellas. Hago como si estuviera leyendo el menú en la pared y espero un minuto a que terminen. Cuando lo hacen, las dejo caminar unos metros, corro un poco para alcanzarlas y les digo que estaba tratando de elegir algo para comer y que finalmente la elegí a ella (mirando a la que me gustaba). Recibieron toda mi verborrea muy bien desde el principio. La mayor parte del tiempo me enfoco en la chica que me gusta, pero también bromeo con la amiga (que tampoco estaba nada mal) y les encanta. Eran dos amigas polacas que suelen viajar juntas y estaban pasando unos días en un hostel en El Arenal.

La interacción iba perfecta. Claramente le gusté a la amiga, que parecía muy emocionada por la experiencia todo el tiempo. A diferencia de mi chica, la otra no hablaba nada de español, así que me metí con ella un poco en spanglish. Más tarde descubriría que ni siquiera estaba entendiendo mis bromas, pero que le parecía divertido. Cambiaba de spanglish a español cuando me dirigía a mi chica, que hablaba el idioma de forma bastante fluida. Le dije a la amiga que lo sentía, pero que iba a robarle a su amiga para tomar algo estos días. Así seguidamente apunté su número.

Últimamente me he dado cuenta de que tiendo a gustar a este tipo de chicas. Estas suelen estar aprendiendo español, han viajado por el país, tienen un gran interés por nuestra cultura y han visto todas nuestras series de TV (Casa de Papel, Élite…). Siempre que encuentro a una de estas, si la logística es buena y no arruino la interacción antes, sé que la situación promete.

Sigo mi paseo y poco después en la Plaza de España me cruzo con otra rubia local. Dudo un poco porque tiene cara de borde, pero poco después la rodeo, la paro de frente y le digo que estaba buscando algo de comer pero me había distraído porque me pareció mona. Lo toma sorprendentemente bien y me pide que la acompañe mientras hablamos. Normalmente no hago esto pero me pareció receptiva así que eso hice y por el camino no paró de darme oportunidades para vacilarla. Le dije que para que me dieran la nacionalidad holandesa era obligatorio venir a Mallorca de vacaciones como buen guiri, y respondió ingenuamente que no lo sabía. Hice que apuntara mi número y me escribiera. Un rato después intercambiamos algunos mensajes hasta que me dejó en visto y la conversación murió.

Más tarde, mientras hablaba con mi madre por teléfono, me crucé con otra rubia de veintipocos de aspecto español. Le digo a mi madre que tengo que colgar y me voy a hablar con la chica. Le cuento la situación y le hace gracia. Conversamos un rato y le pregunto por sus planes. Me dice que está libre al día siguiente, así que me quedo su número y le digo que hablamos para quedar. De nuevo le escribo el primer mensaje con mi nombre, a lo cual responde. No entiendo muy bien por qué, pero este número quedó en el olvido. Nunca llegué a escribirle después de esto y me arrepiento porque la chica estaba bastante bien y creo que había posibilidades.

Cita con polaca 1

Entre tanto, la polaca de la mañana respondió al primer mensaje con mi nombre. Como sabía que había fuerte interés por su parte le envié el siguiente mensaje: “Cuándo es un buen momento para robarte de tu amiga?“. Me dijo que volvían a su hostel en ese momento y sugirió vernos después en su zona o vernos al día siguiente. No acepté su proposición y le dije que tenía una idea mejor, que tomáramos algo por Palma antes de que se fuera y planeáramos algo para el próximo día. Accedió y a los 15 minutos estábamos teniendo nuestra primera cita en una terraza cerca de la Plaza de la Lonja (y de mi hotel). Eran las dos de la tarde, ella estaba preciosa, llevaba el mismo vestido violeta que cuando la conocí unas horas antes, luciendo ese pelo largo y suelto que le caía por la espalda y resaltaba una belleza muy natural. Sinceramente, después de una temporada de pésimos resultados, estaba un poco nervioso al verme en esta situación con una chica de tal calibre. Aunque hubo algo de contacto físico, me vi poco hábil, forzando la situación, rellenando silencios y diciendo demasiadas chorradas. No había equilibrio ni sentí mucho interés por su parte más allá de que aceptaba algunos de mis avances tanto verbales como físicos, pero sin demasiado entusiasmo.

Me hizo gracia que su amiga la esperaba en otro bar cercano. Lo tomé como algo positivo, al menos entendió que era una cita y no podía traer a su amiga. En aproximadamente hora y media, tomamos un par de cañas y me dijo que había hecho esperar a su amiga media hora mas de la cuenta así que debía irse. Nos despedimos con un abrazo y se fue sin pagar, ni siquiera ofreciéndolo, lo cual me dejó un poco descolocado. Asumí a partir de ese momento que era muy improbable que la volviera a ver.

Golfeo del día 1 parte 2

Un rato después, de nuevo en Plaza de Santa Eulalia, entré a una ucraniana con pantalones rosas y labios operados, diciéndole que se parecía a un smoothie de fresa. A pesar de soltar semejante estupidez, se rió y enganchó enseguida. Iba con su amiga gorda, la cual puso cara de asco cuando escuchó mi apertura pero desapareció y nos dejó solos. Tras algo de conversación apunté su número (el de la no-gorda) ante la atenta mirada de un hombre que presenció la escena desde la entrada de una tienda, a un par de metros. La chica tenía una SIM española sin Whatsapp, intenté llamarla más adelante pero por desgracia nunca respondió.

Después de esto sigo andando por la zona y me paro a hablar con una pareja de rubias. Son noruegas, madre e hija y están de compras. En cierto momento la madre señala que su hija tiene 19 años. Le digo mi edad e ignoro el tema. Tenemos una conversación sin mucha relevancia en la que la mayor parte del tiempo hablo con la madre, intento ser simpático para ganármela y de vez en cuando me dirijo a la hija. Finalmente le digo a la madre que me gusta su hija y un día me gustaría tomar una cerveza o un café con ella. La madre acepta, la hija asiente y apunto su número. Le doy un poco de conversación para consolidar y me voy. Al día siguiente la chica contestó al ping, pero después de un par de mensajes la conversación perdió fuerza hasta morir.

Más tarde fui a tomar algo con un amigo que vive en la ciudad. Damos un paseo por la ciudad hasta llegar a la zona de Santa Ponsa, donde mientras tomamos otra cerveza diviso a otra rubia empujando una bicicleta por la acera. Espero a que salga del ángulo de visión de nuestra terraza y la abordo. La acusé de parecer muy guiri y me dijo que era alemana. Le propuse sentarse con nosotros a tomar algo pero rechazó mi oferta. Era tímida y no la percibí muy receptiva, pero me pareció mona así que le dije que apuntara mi teléfono para vernos en otro momento (había olvidado el mío en la terraza). No lo vi muy sólido y pensé que nunca me escribiría, pero al día siguiente me envió un mensaje diciendo que le había gustado lo sucedido pero que no quería salir con un chico que se iba tan pronto de la isla.

Día 3

Golfeo del día 3 parte 1

Lo primero que hice en la mañana es enviarle un mensaje a la polaca de la cita del día anterior. Respondió bastante entusiasmada y en pocos mensajes ya habíamos fijado hora y lugar de la segunda cita.

Antes de la cita paré a otras dos chicas. La primera fue una pelirroja británica que abrí de forma indirecta. Entré muy casual diciéndole que con esa mochila tenía pinta de aventurera y de alguna forma eso dio pie a una conversación de unos 10 minutos. Fue bastante indirecto, pero creo que la atracción se sentía en el aire. Justo iba de camino al aeropuerto así que me quedé su número de teléfono con la idea de hablar si coincidíamos en nuestras aventuras.

Siesta con la Uruguaya

Sigo dando un paseo por el centro y, una vez más, en Plaza de Santa Eulalia veo a una chica caminando sola con unos shorts con estampado de serpiente y aspecto de turista. Le digo que estaba intentando hacer una foto a la iglesia, pero que sus pantalones de serpiente me han distraído. Me dice que no está haciendo nada, no va a ninguna parte y no tiene plan. Blanco y en botella. Le digo que voy a buscar una terraza para tomar una cerveza, me dice que ella también. Sugiero que entonces que deberíamos tomar una juntos, y me contesta que por qué no aquí mismo, señalando a la terraza de la plaza. Acepto y la guío hacia en una de las mesas. Yo me sentía más fluido que nunca, ella no paraba de sonreír, se reía de cada una de mis pésimas bromas y aceptaba todos mis comentarios subidos de tono. Propuse dar un paseo y tomar otra cerveza en la Plaza de la Lonja. Pago las cervezas y nos dirigimos al siguiente bar rodeando la catedral mientras hablábamos de todo y nada. Llegamos y nos sentamos en una de las terrazas. Se sienta en frente, al otro lado de la mesa, pero esta vez si que me siento en forma, así que me da igual y juego con ello. Le doy buenas dosis de flirteo pero también le cuento un poco mi vida para que se sienta cómoda. Le digo que está muy lejos, que venga a mi lado y seguido agarro un lado de su silla y la arrastro hacia mi. No queda completamente de mi lado sino encarándome pero esta vez sin una mesa de por medio. Mientras suelto mi verborrea, ella está como hipnotizada, me mira a los ojos y al paquete alternadamente. Ahí es cuando tengo claro que algo está a punto de pasar. La conversación va subiendo de temperatura. En este punto son alrededor de las 15:30, así que le digo que tiene que aprender las costumbres locales, y que para ello más tarde podemos dormir la siesta juntos en mi hotel. Confirma en tono de broma, lo dejo pasar pero insisto en la idea más adelante y voy asentando en su cabeza que voy en serio. Voy al baño y cuando vuelvo ella ya ha pagado. Le digo que nos vamos a dormir la siesta y ella me sigue. Por el camino ella sugiere que cree que mejor esta noche, pero me mantengo firme, ignoro su objeción y cambio de tema mientras nos dirigimos a mi hotel. Entramos en el hotel y subimos a mi habitación. Abrimos un par de cervezas del minibar, brindamos con un “quién no apoya no folla”. Damos un sorbo a nuestra cerveza, la empujo hacia atrás y comenzamos a enrollarnos. A partir de ahí ella aceptó cada uno de mis movimientos hasta el final. Así terminamos nuestro encuentro, dos completos desconocidos follando a las 16:00 de la tarde en pleno casco antiguo de Mallorca.

Me dijo que escribiría lo ocurrido en su diario, a lo que contesté que yo no escribía ninguno, pero que me había dado la idea y quizás empezaría a hacerlo…

Cita con polaca 2

En teoría habíamos quedado a las 18:00. A las 17:00, mientras estaba aún entreteniendo a la uruguaya en mi cama, la chica polaca me escribe un mensaje que no veo hasta que no consigo echar a la otra de mi hotel. En este mensaje decía que no tenía mucha batería y que estaría en el punto de encuentro a las 18:00. Alrededor de las 18:00 escribo a la polaca, inventándome una excusa para disculparme y decir que llegaré tarde. Me ducho a la velocidad de la luz, recojo los condones y las cervezas del suelo de la habitación y los meto en la caja fuerte de la habitación. Llegué 40 minutos tarde y esperaba que me hubiera dejado tirado. Pero allí estaba la chica esperándome y había comprado un cargador portátil para poder cargar su móvil. En ese momento me sentí como una mierda.

Nos saludamos, me disculpo y ella dice que bueno que no pasaba nada que como soy español se imaginaba que llegaría tarde. Le digo que para compensarla le voy a hacerle un free tour personal por Palma. Nos dirigimos al primer bar y por el camino, ya desde el inicio me sentí extremadamente relajado y fluido.

El primer bar es una terraza en el puerto de Palma, donde vemos un atardecer increíble, compartimos unas cervezas y salvo la vida a un celíaco (una coña con un grupo de alemanes que estaban sentados al lado). Después de un rato sentados uno en frente del otro, veo que uno de los sofás de la terraza se queda libre así que le digo que nos movamos. Nos sentamos uno al lado del otro y pedimos una segunda cerveza. Ella está especialmente relajada, acepta entusiasmada todos mis avances. Cuando voy a besarla, ella me ve venir y se lanza hacia mí.

Cuando llega el momento de pagar la cuenta, quería ver si podía hacerla invertir así que dejo que pague ella. No me dio tiempo ni a reaccionar, ella misma se ofreció a hacerlo. Me dio algo de pena hacerle pagar los casi 30€ que costaron las 4 cervezas, y no pude evitar darme cuenta del dolor en su cara al poner su tarjeta en el datáfono. Tiene 25 años y estaba quedándose en un hostel barato donde cristo perdió el mechero, por lo que no debía nadar en la abundancia precisamente. Pero después de haberme hecho pagar el día anterior, necesitaba mandarle un mensaje de “oye, que no soy un sugar daddy”.

Tras ponerse el sol, la llevé a un bar de cocktails que le encantó. Seguimos en la misma dinámica que en el bar anterior, hasta que su amiga, que estaba sola y borracha en El Arenal, la reclamó para que fuera a salvarla. Pagué los cocktails e intenté restarle importancia a lo de su amiga. Dimos un paseo en el que intenté que se quedara más rato, pero no encontré la manera.

Ella no paraba de dar vueltas alrededor de mí, se agarraba a mi brazo, me preguntó como diez veces que por qué no me quedaba más tiempo en la isla… Creo que básicamente estaba comunicándome que tenía interés pero que no iba a pasar esa noche conmigo.

Aunque no acabó como me habría gustado, disfruté mucho de esta cita. La chica es un bombón, me dio una enorme dosis de tonteo femenino que necesitaba y me fascinó ver lo bien que lo pasaba. Durante la cita tomó algunas fotos, del atardecer, de los cocktails, varias de mí y algún selfie de los dos.

Más tarde me escribió para darme las gracias por la cita y lo bien que lo había pasado.

Desde entonces no la he vuelto a ver, y durante las siguientes semanas estuvo escribiéndome y mandándome fotos de sus últimos días en Mallorca y más tarde de lo aburrida que estaba en su pueblo en Polonia y las ganas que tenía de volver a vernos. Tengo la sensación de que volveremos a encontrarnos.

Día 4

Filosofando con la uruguaya

Prometí a la uruguaya vernos al menos una vez más así que al día siguiente quedamos por la mañana para ir a la playa. El día estaba bastante nublado así que fuimos a dar un paseo. Acabamos hablando de aventuras, de la vida, del amor, filosofando y haciendo petting en una cala con mucho encanto al lado de la base militar. Me encantaría haber repetido pero estábamos lejos de mi hotel y poco después tuve que marchar al aeropuerto para coger mi avión.