Eran eso de las 00:30 del viernes, nos refugiábamos de la lluvia bajo un tejadillo a la entrada de un bar. Mis dos amigos discutían cuál sería el siguiente paso de la noche, pero para mi estaba claro, estaba a punto de irme a casa a dormir para descansar, estar fresco al día siguiente y probablemente hacer una buena sesión de daygame mañanero.

En ese momento pasó caminando por delante de nosotros una chica muy llamativa, envuelta en una bufanda Burberry y un abrigo de lana beige que cubría su torso pero dejaba ver unas bonitas piernas. La chica caminaba sola bajo la lluvia, mirando su móvil como si nada. Sin pensarlo dos veces avisé a mis amigos de que iba a hacer un churreo y me dirigí hacia ella. La alcancé al otro lado de la calle y parándola por el frente, la cubrí con mi paraguas y le dije algo como: “hola perdona, ví cómo estabas empapándote y tenía que venir a protegerte de la lluvia”. Recibió mi entrada con una enorme sonrisa y poniéndome ojitos desde el primer instante. Me respondió que era asturiana, y que esta lluvia en su tierra era lo normal y por tanto no le molestaba.

A los 5 minutos de conversación mencionó que entrenaba crossfit, y me ofreció su pierna para que comprobara lo dura que estaba. Agarré su muslo y efectivamente pude percibir sus fuertes cuádriceps mientras mis amigos observaban desde el otro lado de la calle.

Estábamos muy cerca mirándonos a los ojos mientras hablábamos bajo mi paraguas. Incluso conversando sobre temas sin importancia, la tensión sexual estaba claramente ahí. Yo aprovechaba cada oportunidad que me daba para meterme con ella y escalar y ella pasaba por cada uno de mis aros y tomaba cada uno de mis avances positivamente. En algún momento me dijo que Madrid le parecía una ciudad algo hostil, que era muy diferente a su tierra donde todo era más familiar, lo cual por supuesto aproveché para contradecirla y finalmente le dí un abrazo muy exagerado para consolarla por la hostilidad de la ciudad.

Tras esto sugerí que nos moviéramos a un lado de la calle para resguardarnos de la lluvia. La guié hasta la entrada de un comercio y ella me siguió sin dudar. Durante toda la interacción noté en ella una mezcla de curiosidad y desconfianza al mismo tiempo. De vez en cuando lanzaba algún comentario como “no me puedo creer que esté haciendo esto” o “es que no te conozco de nada”. Pero de alguna manera conseguí que se relajara y cuando ví el momento adecuado me lancé a besarla. Ella respondió a mi beso efusivamente, escapándosele incluso algún gemido. Me aseguré de ser yo el primero en parar el beso y le dije: “vaya… esto si que no me imaginaba que iba a pasar”. A esto ella respondió con un suave mordisco en mi cuello, lo cual tomé como una clara señal de que debía avanzar, así que le propuse tomar un vino antes de irnos a dormir, pero ella rechazó mi oferta diciendo que al día siguiente tenía que levantarse temprano. Aún así era evidente que ninguno de los dos quería parar el juego y nos quedamos un rato a la entrada del comercio, discutiendo vernos otro día entre besos, lametones, y alguno más de sus provocativos mordiscos en mi cuello. Puse su mano en mi entrepierna y ella la mantuvo ahí. En ese momento estábamos a unos 5 minutos de mi casa andando así que propuse ir a allí a tomar una infusión en lugar del vino. De nuevo se negó verbalmente pero siguió provocándome con sus mordiscos. Le dije que si seguía así iba a tener que secuestrarla e inisistí en ir a mi casa. Sorprendentemente ella propuso en cambio tomar esa infusión en su casa, a unos 10 miutos de allí en metro. Acepté su invitación, pero no estaba muy seguro de si lo decía en serio. Ella de nuevo dudaba y decía que “era una locura”. Constantemente su cuerpo contradecía a sus palabras, así que vi claro que debía actuar. La metí de nuevo bajo mi paraguas y empezamos a caminar en dirección a su casa. Intenté pedir un taxi pero ella insistió en que fuéramos en metro. Tres veces intenté parar un taxi de camino a la estación, ya que no quería volver a cometer errores del pasado pero ella se empeñó, y yo por no crear más fricción cedí. Finalmente resultó buena idea coger el metro ya que efectivamente no tardamos más de 10 minutos en llegar a su casa.

Subimos a su casa en el ascensor enrollándonos hasta llegar a su planta. Me sorprendió ver el lugar en el que vivía, uno de estos infames pisos de unas 6-8 habitaciones que se alquilan a jóvenes profesionales y estudiantes en el centro de Madrid. Después de verla tan arreglada me chocó un poco que viviera en esas condiciones. El piso era muy viejo, con las paredes despintadas y el suelo muy deteriorado. Primero me enseñó su habitación, sin decoración alguna, con una cama doble, un pequeño escritorio y un armario. Me ofreció algo de beber y nos dirigimos a su cocina. En el pasillo ella rompió el silencio de la casa con un grito de horror al ver una enorme cucaracha caminando por la pared. Me quité una zapatilla y la aplasté contra la pared. Ella corrió a la cocina a por algo para agarrar al bicho y mientras tanto yo lo rematé contra el suelo. Cogió la cucaracha con una servilleta y la tiró al váter.

Tras el asesinato de la cucaracha continuamos como si nada hubiera pasado. Me sirvió una copa de vino blanco y ella se preparó la infusión. Mientras calentaba agua para su infusión, empezamos de nuevo a enrollarnos y la intensidad volvió a subir. De allí nos desplazamos a su habitación, y tras un par de sorbos pronto nos olvidamos de nuestras bebidas y estábamos desnudándonos mutuamente sobre su cama. Ella me decía que “no estaba segura de que fuera a pasar nada”, que “nunca hacía esto”, y que “tenía que procesar lo que estaba pasando”. Yo le contestaba que “sólo estábamos jugando” y que “mejor lo procesáramos mañana”. De nuevo, a pesar de sus objeciones verbales, reaccionaba a cada uno de mis roces entre gemidos y lametazos y agarraba mi polla con desesperación. Tras algunos preliminares me puse un condón y tuvimos un polvo maravilloso en el que disfruté como loco de aquel cuerpo esculpido por el crossfit.

Ella era una de estas chicas muy cariñosas verbalmente, de las que te llaman “cariño/guapo/bombón” todo el rato, lo cual sonaba extremadamente porno en su voz, especialmente cuando me decía “cariño tienes una polla muy grande”, “cariño empieza despacito que hace mucho que no follo y me duele” o “cariño follas muy bien”.

Tras un pequeño descanso volvimos a calentarnos. La situé encima de mí y ella empezó a frotarse contra mi polla, esta vez sin condón, posicionándola en la entrada de su vagina y suplicándome que le metiera solo “la puntita”. Tras un rato de roce no pude evitar meterme dentro de ella y después de algunas envestidas ella me dijo “hay cariño me voy a correr”, y tuvo un orgasmo precioso.

Aunque ella me invitó a quedarme a dormir, ambos coincidíamos en que se duerme mejor en solitario así que decidí irme. Su invitación a quedarme era más pura cortesía que otra cosa, pero también me dejó claro que si algún día tuviera que irse a las 3 de la mañana de mi casa no le gustaría hacerlo. Con comentarios de este tipo me planteó en varias ocasiones volver a vernos, creo que en parte por no sentirse muy puta por lo que acababa de ocurrir, pero también porque genuinamente así lo quería.

Creo que fué relativamente fácil seducirla no sólo porque la pillé caliente ese día, sino porque además hubo buena conexión desde el principio así que estoy bastante convencido de que pronto volveremos a vernos.