Estaba con uno de mis fieles compañeros de pesca tomando una cerveza en la terraza de una conocida cafetería madrileña cuando vi salir de la boca del metro a una chica alta, con la piel muy blanca y una bonita melena de pelo oscuro y ondulado que llamó mi atención. Por cortesía pregunté primero a mi amigo si le apetecía hablar con ella y él indicó que era toda mía. Me levanté tras dejarla que caminara un poco y la paré a la vuelta de la esquina. Cuando estaba más cerca de ella me pareció un poco alta para mí (más o menos de mi altura), pero aún así decidí seguir adelante.

Clásica cafetería madrileña y buen punto de pesca

Iba vestida con un mono azul que recordaba al que llevan los albañiles y eso me pareció gracioso así que decidí utilizarlo para iniciar la conversación. La adelanté por el lateral, la paré de frente y abrí con lo del mono de albañil. Ella recibió mi apertura encantada, con una bonita sonrisa y sin apartar de mí sus ojos azules, siguiéndome el juego desde el principio. Primero me corrigió diciéndome que su mono era de fontanera, no de albañil y me contó que iba caminando a encontrarse con un amigo con el que había quedado al final de esa misma calle. La conversación fue relajada y juguetona. La acusé de ir a una cita de Tinder pero ella respondió que no era así, que iba a encontrarse con un viejo amigo. Quién sabe que relación tenía con ese tío, pero el caso es que me dio su número sin dudar y después de unos pocos mensajes acordamos tomar algo al día siguiente por la tarde, antes de que ella se fuera a trabajar. Debido a la limitación temporal pensé en proponer otro día en el que pudiéramos vernos más tranquilamente, pero mi amigo me animó a que fuera a esta de todas formas, porque si no lo hacía era probable que al día siguiente se levantara “con las bragas del revés”, cambiara de idea y no volviera a verla más (lo cual es bastante habitual), pero que si en cambio pasábamos un buen rato ahora que la ventana de oportunidad estaba abierta, era más probable que pudiera llegar más lejos en una segunda cita.

Quedamos en uno de mis bares favoritos del barrio, es un bar de estilo clásico pero elegante, tienen muchos tipos de vermuts, buenas tapas, los camareros son majos y en general la atmósfera es ideal para una cita. Ya he estado en este mismo bar anteriormente en un par de citas, la última con una colombiana, justo la semana anterior, pero eso es otra historia. Empezamos bastante bien, en la línea del encuentro del día anterior, y ella me expresó en varias ocasiones lo increíble que le había parecido que la abordara en la calle de aquella manera. Me contó que en aquel momento estaba tan entusiasmada que después de despedirnos llamó a su hermano para contarle la historia. Incluso me dio las gracias por haberlo hecho. Estaba claro que estaba ante una “chica sí”. Ella tomó un par de vinos y yo un par de vermuts mientras charlábamos. No fue ni de lejos una de mis mejores primeras citas y creo que en esta ocasión no me ligué a esta chica tanto por buen juego, sino más bien porque dejé que la cosa fluyera, no cometiendo ningún error demasiado tonto que pudiera cortar el rollo. Eso no significa que fuera pasivo y me quedara allí callado, creo que también supe llevarla, dándole pequeñas dosis, subiendo la temperatura cuando lo veía conveniente, creando proximidad, tocándola y mencionando cosas que me gustaban de ella, como su mirada o lo bonita que tenía la piel, lo cual le encantó.

Teníamos aún una media hora antes de que ella entrara a trabajar, así que decidimos movernos a otro sitio para un último vino. Pagó ella y nos fuimos a un bar cercano, otro de mis favoritos, donde la invité yo a un vino y un par de ostras. En este bar nos situamos de pie en la barra, uno junto a otro, y allí nos reímos de como ella era realmente demasiado alta para mi y le dije que nunca podría ponerse tacones en una cita conmigo a lo que ella respondió que no veía por qué no. Se acercaba su hora de entrar a trabajar así que poco después acordamos seguir escribiéndonos para cuadrar otra cita otro día en el que pudiéramos pasar más tiempo juntos y no atragantarnos con las ostras de nuevo.

Por lo visto pasé el test de la primera cita y tras unos cuantos mensajes quedamos en vernos la semana siguiente. Cabe destacar que creo que la calenté bastante por mensajes, gracias a la ayuda de mi amigo, al que menciono en el principio, que me asistió en esta ocasión. Según él, con las chicas españolas es importante mantener un alto interés por mensajes, jugando con su imaginación con destreza, pintando historias graciosas sutilmente sugerentes acerca de los dos para que ella esté deseando quedar contigo. Según mi amigo, todo esto es trabajo adelantado para la cita, lo cual parece una gran ventaja. Como ejemplo del modelo de mi amigo, este extracto de nuestra conversación:

ella: …pero con esa memoria tan prodigiosa que tienes, es más seguro que no te acuerdes…

yo: …está bien que me lo recuerdes porque es verdad que ya se me había olvidado. Es mucha información y estímulos que tengo que procesar, eso no ayuda. Si no tuvieras la piel tan bonita habría sido más fácil…

ella: …qué bonito eres… y qué cosas tan bonitas dices…

yo: …es verdad! Podrías ser mi gatita para acariciarte todo el día 🐱 pero solo si ronroneas

ella: …jajaja ya veremos eso…

Puede que su estrategia sea realmente efectiva, o puede que esto funcionara simplemente porque ella es una “chica sí”.

En cualquier caso, tras esos mensajes acordamos vernos unos días después para la segunda cita y ella me preguntó la hora. Como esa noche yo estaba con mi princesa rusa, no contesté a su pregunta y una hora después ella me escribió: …si te apetece y quieres, mañana estoy libre… será que tengo ganas de verte. Estúpidamente no contesté a ninguno de estos mensajes hasta el día siguiente y aún estaba en ese momento con Princesita así que decliné su invitación y quedamos en seguir con el plan anterior y vernos unos días después.

Ese día llegó, quedamos en un bar de tapas cerca de mi casa, donde nos contamos nuestra vida con unas bravas y unos vermuts mientras nos tocábamos bastante. Con la excusa de que había mucho jaleo en el bar nos pusimos muy cerca y esto ayudó a crear más complicidad. De nuevo no me dejó pagar esta ronda y de allí fuimos a una terraza cercana a por otra bebida hasta que cerraron el bar. Nos refugiamos entonces en la coctelería a la que suelo llevar a mis citas y allí pasamos un rato entretenido. Nos situamos en los sillones altos de la barra, exactamente en el mismo lugar donde antes estuve con la colombiana. Nos prepararon unos cócteles riquísimos, hablamos un rato con el camarero, y tonteamos un poco. Yo estaba mucho más inspirado gracias a los vermuts que ya llevaba en el cuerpo. Aunque aún no la había besado, la conversación se tornó un poco más picante y se percibía más magia entre los dos. Le pregunté si le apetecía otro cóctel y le pareció bien, pero inmediatamente cambié de idea y le sugerí mejor tomar una última en el balcón de mi casa. Le gustó la idea, así que pagué los cócteles y dimos un breve paseo hasta mi casa.

Dentro de mi apartamento serví un par de rones con cola, encendí una vela y nos sentamos en mi balcón donde escuchamos un poco de música y estuvimos hablando un rato en el que ella mencionó odiar a su padre rico y promiscuo al que apenas conocía. Me fui un momento al baño, y cuando volví ella estaba encaramada al balcón mirando hacia la calle, que tiene unas vistas tan bonitas como la que yo estaba presenciando de su culo respingón en ese momento. Me acerqué a ella y la agarré suavemente por detrás, se dio la vuelta para encararme y por fin nos besamos. De repente toda la tensión acumulada explotó. Empezamos a enrollarnos, me puse duro al instante, lo cual ella notó y empezó a frotarse contra mí. Sugerí movernos dentro para que no nos vieran los vecinos curiosos. Moví nuestras copas medio vacías a la mesita del salón, me senté en el sofá y ella me sorprendió sentándose directamente de rodillas encima de mi. Así retomamos el morreo y empezamos a desnudarnos mutuamente. Poco después la guié hacia la cama, nos quitamos lo que nos quedaba de ropa y ella sin dejarme tiempo de ni siquiera reaccionar se insertó mi polla en el coño y empezó a follarme a pelo. Yo en ese momento estaba en el paraíso viéndola cabalgar encima de mí, pero en un rato conseguí salir de mi trance y sacársela para ponerme un condón. Follamos en varias posiciones, ella me pedía que la envistiera más duro y más rápido y yo gracias a la inspiración de los vermuts mágicos aguanté una buena follada como un campeón. En un par de ocasiones intentó dominarme, exigiendo ponerse encima e intentando bloquearme los brazos contra la cama. Aunque estaba disfrutando del polvo, no me entusiasma esta dinámica así que luchamos un poco con eso, pero por no forzar finalmente la dejé que me cabalgara y disfrutara de su fetiche un rato. Cuando yo ya estaba a punto de explotar, ella me pidió que la follara a cuatro patas y en esta posición culminé.

Tras esto, ella parecía haberse quedado con ganas de más, así que intentamos una segunda ronda, pero era demasiado pronto para mi. Nos relajamos y tuvimos un poco de conversación post-coito, en la que ella me acusó de ser un jugador y de que mi “táctica” había finalmente funcionado. No lo negué y le pregunté que si había disfrutado de mi táctica y ella confirmó que así había sido. Yo estaba agotado así que le propuse quedarse a dormir y seguir al día siguiente con un “mañanero”. En un primer momento aceptó, así que apagamos las luces para dormir y después de un rato ella decidió que prefería irse a dormir a su casa. Ofrecí pedirla un Uber, pero insistió en que no me preocupara y que ella misma se encargaba de ello. Se vistió, me dio un beso y sin ni siquiera dejarme acompañarle a la puerta, salió de mi casa.

En parte me alegré porque descanso mejor durmiendo solo y dormí como un bebé, pero no me habría importado haber despertado con ella y habérmela comido para desayunar.