Conocí a esta chica en medio de una sesión de daygame. Mi wing la señaló diciendo que era mi tipo y mientras él se fué a hablar con otra chica, yo me acerqué a esta. Fue una apertura observacional simple, pero tuvo buena respuesta, le dije que me gustó la mezcla de su estilo profesional a la vez que urbano porque iba vestida mitad oficinista, con falda y chaqueta americana, pero en lugar de zapatos llevaba zapatillas Converse. Era una chilena de 28 años que había venido a España por estudios y según me dió a entender no tenía muchos amigos y estaba aburrida y falta de compañía. Probablemente por esto estuvo muy receptiva desde el inicio y ella misma me invitó a apartarnos a un lado de la calle para hablar más tranquilamente, como toda una daygamer profesional. Ella parecía bastante interesada, mientras que yo me sentía un poco decepcionado ya que de lejos me había parecido más guapa. No quiero ser demasiado duro conmigo mismo, la chica me parecía razonablemente atractiva y hace poco más de un año –en mi periodo de sequía holandesa– habría matado por tener relaciones con una chica así, pero en mi situación actual tengo que reconocer que he apuntado bajo. Aún así decidí cerrar e intercambiamos contactos.

No la escribí hasta cuatro días después y cuadramos vernos a la semana siguiente. Quedamos un viernes por la noche, lo cual ya apuntaba a que la conquista estaba más que garantizada. Justo antes de la cita hice una pequeña sesión de pesca con otro amigo. Tomé un par de dobles con él y hablamos con un par de chicas que pasaban por el lugar. Me quedé el contacto de una de ellas, una madrileña excesivamente bronceada pero muy guapa por la que felizmente habría abortado mi cita con la chilena. Cuando se acercó la hora le dije a mi amigo que debería ir a casa a ponerme una camisa y unos zapatos, pero él al ver mi poco entusiasmo por esta chica me animó a ir en plan guarro, así que me quedé a una segunda ronda con él y fuí directamente a la cita sin arreglarme, no sin antes comprar unos chicles para ocultar mi aliento a cerveza.

La chica llegó puntual al lugar acordado. Dimos un paseo por la zona que he descrito ya unas cuantas veces en este blog. No voy a describir en detalle la cita porque seguí prácticamente la misma secuencia que en mis últimas publicaciones, pero el caso es que a pesar de mi poco interés –o precisamente por ello– ella fue progresivamente poniéndose más juguetona. En el segundo bar propuse tomar un último vino con las mejores vistas de Madrid –las de mi terraza– y ella aceptó.

No la besé hasta llegar a mi apartamento, y probablemente esta fue una de las razones por las que pasamos más de dos horas lidiando con sus objeciones. Todo este tiempoella lo pasó racionalizando por qué “no va a pasar nada hoy”, “si pasa algo hoy mañana vas a desaparecer”, “no soy tan fácil” y dándome una extensa charla de lo ambiguos que somos los españoles en temas amorosos. Estaba tan borracho y cansado de sus contradicciones que llegué al punto de decirle que quizás era buena idea que se fuera a su casa. Pero ella siguió allí y de alguna manera acabamos en mi cama con ella diciéndome “ahora te quiero dentro de mi” y tras cuatro envestidas vertí en el preservsativo los diez litros de semen que llevaba acumulando en mis testículos durante las últimas tres horas. Pero hasta llegar a ese punto, ya desnudos encima de la cama estuvimos más de una hora luchando en contra su conflicto mental. Perdí y recuperé erecciones como cuatro veces durante ese rato, ella alternaba entre masturbarme ansiosamente y arruinar la sensualidad del momento con su paranoia. Cuando yo intentaba mansturbarla, a ella le dolía porque estaba algo seca, por lo que saqué un poco de lubricante y me lo puse en una mano para tocarla. Ella respondió horrorizada porque decía que era alérgica a estas cosas y pasó un rato leyendo los ingredientes del fluido para asegurarse. Fuí al baño a lavarme las manos para eliminar el lubricante y cuando volví ella se había medio vestido de nuevo y tuvimos que volver a empezar desde el principio.

No voy a alargar más esta historia porque no hay más que contar ni nada que aprender de esta experiencia. Quedé con esta chica y vagamente seguí adelante el proceso porque estaba perro y me apetecía algo de carne fresca, que después de bastante sufrimiento me comí fría y pasada de cocción.