Me apetecía empezar el año en una ciudad distinta, así que decidí pasar el mes de Enero en Sevilla. Es una ciudad que no conocía muy bien y tenía ganas de probar cómo es vivir allí. Alquilé un pequeño apartamento en el centro de la ciudad, muy básico pero agradable y acogedor, y con una maravillosa terraza con vistas a los tejados andaluces. Además la ubicación era inmejorable.
Durante el tiempo que pasé en Sevilla estuve poco activo en cuanto a daygame, más bien aproveché este tiempo para conocer la ciudad y relajarme. Pero a pesar de ello hubo algo de acción nocturna, y eso es lo que quiero relatar en esta publicación.
Haciendo amigos y enseñando mi terraza a una italiana
Un viernes después de todo el día trabajando en el apartamento salí a buscar un sitio tranquilo donde leer. Paseando por Paseo de Colón encontré un bar con estufas en la terraza y prácticamente vacío, así que me senté en una mesa con sillas altas un poco apartada, pedí algo de beber y saqué mi ebook. Después de un rato leyendo, el bar empezó a llenarse, hasta el punto de que todas las mesas estaban ocupadas. Como yo estaba solo en mi mesa, la camarera me preguntó si me importaría compartir mesa con un grupo de 5 chicas y 1 chico. Me parece una forma horrible de tratar a un cliente, podría haberme ido, pero lo ví como una buena oportunidad de socializar un poco y acepté. Guardé el ebook antes de que el grupo viera lo rarito que soy, se sentaron conmigo y unos minutos después estábamos brindando con unos chupitos como si nos conociéramos de toda la vida. El chico era gay –por alguna razón en Sevilla parece que una enorme parte de tíos son gays– y las chicas nada espectacular pero suficiente como para entretenerme un rato. Lo estaba pasando bien con esta gente, pero después de un rato sentí que era el momento de irme así que me despedí y me fuí a dar un paseo.
Eran alrededor de las 22:00 de la noche, estaba caminando por la zona de Alameda de Hércules, había buen ambiente y después del buen rato que había pasado con la gente del bar de Paseo de Colón, estaba animado para seguir explorando. Pasé a uno de los bares de la plaza para ir al baño, no tenía intención de quedarme allí, pero cuando estaba saliendo ví dos chicas monas con apariencia de estudiantes internacionales y decidí quedarme a tomar una cerveza y hablar con ellas. Pedí un tercio y me quedé en la barra analizando la situación. En este momento uno de los camareros empezó a bailar en la barra con toda su pluma y fué entonces cuando me dí cuenta de que estaba en un bar gay. Obviamente quedarme ahí mirando a las guiris no fué una estrategia muy inteligente, y antes de que me decidiera a hablarlas ellas se levantaron para marcharse. Torpemente intenté interponerme en su camino y les hice algún comentario pero no conseguí enganchar y se fueron. Al igual que yo había otro tío bebiendo solo en la barra, quien presenció mi lamentable espectáculo. Cuando las chicas se fueron se acercó a mi y me dijo algo como “dude, they were cute! what happened?”. Instantáneamente supe que nos íbamos a llevar bien. Nos presentamos y él resultó ser un estado-unidense, de mi edad, que estaba viajando por Europa y al igual que yo estaba pasando el mes de Enero solo en Sevilla. Poco después otro grupo de 2 chicas entró en el bar y los dos empezamos a hablar con ellas. Esta vez fue bastante mejor gracias a mi nuevo wingman. Se fueron y el yanqui me invitó a otra ronda. Empezaba a forjarse una amistad de esas que solo ligar en equipo puede crear.
Salimos del bar gay y dimos una vuelta por la zona, tomamos una cerveza en otro bar y hablamos con varias chicas, más por echarnos unas risas que por el mero hecho de ligar. Paramos a una pareja de 2 chicas en la calle, bastante normalitas, muy por debajo del nivel de mi nuevo amigo que era un tío guapete y con buen don de gentes, él me decía riéndose que no entiende a las Españolas que ni le miran y le tratan con desprecio como si fuera feo. Me reí muchísimo con esto, y es que no es el primer norte-americano que conozco que por alguna razón sufre la indiferencia de las españolas.
Lo estábamos pasando en grande, ya un poco borrachos, y queríamos seguir la fiesta así que nos metimos a un pub. Dentro del pub no había ni un solo español, el lugar era cutre y la música horrible. Pero aún así enseguida enganchamos con dos grupos de dos chicas diferentes cada uno de ellos. Mi amigo entró a uno de ellos, dos latinas que estaban de viaje en Sevilla, celebrando el cumpleaños de una de ellas, y yo al otro grupo, de dos italianas que también visitaban Sevilla por poco tiempo. Estuvimos alternando entre ambos grupos, mientras yo hablaba con un grupo, el americano iba al otro, hasta que una de las italianas empezó a ponerse más cariñosa conmigo y la besé. Después de un rato hablando con ella le dije que me acompañara fuera del pub para fumar –realmente no fumo pero en ese momento me pareció una gran idea utilizar esa excusa. La agarré de la mano y la llevé al exterior mientras le decía que realmente no fumaba pero que quería estar a solas con ella. La apoyé contra la fachada de una casa y empezamos a besarnos. Metí su mano dentro de mis pantalones y ella no puso ninguna resistencia. Estaba visiblemente cachonda, pero me dijo que no podía dejar a su amiga sola y quería volver. En ese momento no fuí lo suficientemente elocuente como para retenerla con mis palabras, así que se despegó de mí y volvió hacia el pub. Se quedó en la puerta del pub mirando su teléfono. Me acerqué de nuevo a ella y le dije que daríamos un paseo. Por lo visto su amiga había ligado con otro tío y eso tranquilizó un poco a mi italiana. Por otro lado yo no sabía nada de mi amigo americano y estuve un poco preocupado por abandonarle, pero pensé que era buen wingman y lo entendería.
La italiana y yo comenzamos nuestro paseo, le dije que podíamos tomar el último vino de la noche en mi apartamento que estaba a solo 10 minutos de allí –realmente estaba a unos 20– y ella aceptó. Mi apartamento estaba en la última planta del edificio, donde además había una terraza común para todos los vecinos, con sillones y mesitas para relajarse y una bonita vista de Sevilla. Antes de entrar a mi apartamento, le enseñé la terraza, que aparentemente le encantó y literalmente me dijo “come on, fuck me here”. Preferí no hacerlo por si algún vecino aparecía inesperadamente. Pero no dejé de cumplir su deseo, ya que una vez en mi apartamento, le enseñé mi terraza, y allí mismo en frío, se apoyó contra mi mesa, se bajó los pantalones para que la follara. De ahí pasamos a mi sofá y del sofá a mi cama. Dormimos un rato y me despertó con una mamada. Me la follé una última vez para dejarla satisfecha, que se fuera y no volverla a ver nunca más. Y eso hizo.
Pero nada increíble sinceramente. Tengo que decir que la chica no era muy atractiva, era guapa de cara, pero tenía algo de sobrepeso y cuando la ví desnuda –especialmente a la mañana siguiente– me decepcionó bastante. El alcohol y el ambiente de fiesta llevaron a este desenlace, no quiero quitarme responsabilidad por ello, pero tampoco sentirme mal, porque realmente la experiencia fué divertida, y el polvo nocturno lo disfruté bastante. Pero como quien disfruta un asqueroso kebab grasiento a las 7 de la mañana después de una noche de borrachera –cuando estoy sobrio, odio el kebab.
Afortunadamente, mi amigo americano no se había enfadado por haberle abandonado aquella noche. Por el contrario me escribió al día siguiente, se alegró de que hubiera triunfado con mi italiana y me contó que él había despertado en el hotel de las latinas. Por lo visto siguieron la fiesta los 3 juntos cuando yo me fuí y el tío estuvo liándose con las dos toda la noche, después le llevaron a su hotel y se folló a la más guapa. Si tenía alguna duda de que este tío era buen wing, esto me aclaró todo. Quedamos un par de días después por la tarde para tomar algo al sol, me contó su aventura con las latinas y yo le enseñé a pescar.
Otra noche loca y enseñando mi terraza a una andaluza
El viernes de la semana siguiente volví a quedar con mi nuevo amigo americano. De nuevo salimos por la zona de Alameda, y comenzamos la noche en el bar gay donde nos conocimos. Allí estuvimos un rato hablando con la camarera mientras tomábamos la primera cerveza. Un rato después nos movimos a otro bar, pedimos otra cerveza y presenciamos cómo un grupo de 3 chicas estado-unidenses se acercan a hablar con un grupo de holandeses que hay a nuestro lado. Rara vez en mi vida he visto algo así, las tres estaban buenas, me sorprendió y me hizo gracia que precisamente los tíos fueran holandeses. De pronto los holandeses se fueron, y como las chicas estaban situadas justo a nuestro lado, comencé a hablar con una de ellas, que es la que más me había gustado. Llevaba un escote exageradamente pronunciado que hacía extremadamente difícil mirarla a los ojos. Ayudó a enganchar que mi amigo también fuera americano, así que se quedaron allí un rato con nosotros. Mi increíble wing hizo una magnífica cobertura, por lo que yo pude enfocarme en mi americana tetona. Era una chica muy sexy, por su forma de moverse, mirar y tocar. Antes había observado como estaba siendo del mismo modo con los holandeses, así que pensé que normalmente era así siempre. Estábamos muy cerca y le dije que me había parecido “cute” que deberían unirse con nosotros de fiesta. Aparentemente querían volver a su hostel temprano para hacer turismo al día siguiente temprano, así que no conseguimos retenerlas y se marcharon. No sin antes haberme quedado con el número de mi tetona, quién ignoró mis mensajes al día siguiente. Una semana después ella me escribiría: “are you coming to Barcelona anytime soon?”.
Cuando las americanas se fueron, fuimos a una discoteca de la zona. Nos pedimos algo de beber, y conseguimos enganchar con el primer grupo que vimos. Eran dos chicas, primero pensé que estaban solas. Después descubrimos que estaban con otros dos chicos, uno de ellos gay, que sorprendentemente fué el más cockblock de todos, pero las chicas estaban pasándolo bien con nosotros así que no importó demasiado. Pude aislar un poco a mi objetivo: una delicia de andaluza delgadita con un vestido blanco que estudiaba para ser policía. No paraba de darme material para vacilarla así que estuve juguetón y el interés fue creciendo progresivamente. Se me ocurrió decirle que me acompañara a la barra a pedir algo de beber, lo cual puede parecer que no fuera muy buena idea, pero no ví otra manera de apartarla de sus amigos. Una vez en la barra pedí una cerveza, ella pidió un gin tonic. En lo que nos servían intenté indagar un poco en su vida y pasar a un terreno más personal. Pagué sólo mi cerveza y ella me expresó su decepción por ello, ya que pensaba que iba a invitarla. Le dije que yo no era de ese tipo de tíos que invitan a las chicas para ligar, que tenía que conocerla un poco más y si me gustaba entonces otro día la invitaría a un vino en otro lugar. Mi argumento no pareció convencerle mucho y a mi esto me dejó un poco confuso, pero estaba satisfecho por no haber caído en la trampa del “paga-fantas”. Volvimos con su grupo y mi amigo. Ella cambió su actitud y estuvo de morritos durante un rato. Pensé que la había perdido, que ella realmente solo estaba buscando beber gratis y una vez había visto que conmigo eso no funcionaba, había perdido el interés. Pero sorprendentemente, viendo que yo la ignoraba, ella volvió a situarse a mi lado para llamar mi atención y a darme conversación. Volvimos a la dinámica de flirteo de antes. Aunque esto sólo duró un rato, ya que poco después, no recuerdo por qué razón se marchó. Me quedé su número pero nunca contestó a mis mensajes.
Más tarde hablé con otra chica andaluza en medio de la pista de baile que me llamó la atención por su bonito y abundante pelo negro, y una buena figura. No entendía muy bien por qué, pero rápidamente ella comenzó a mostrar interés. Más adelante me dijo que decidió hablar conmigo por mi acento, porque vió que no era andaluz, que si lo hubiera sido me habría mandado a paseo desde el principio. La agarré de la mano y la llevé a uno de los sofás, donde intenté besarla dos veces y las dos veces me hizo “la cobra”. Pero aún así seguía dándome muestras de interés, así que no desistí. Me dijo que vivía cerca de mi, así que le propuse caminar juntos hacia casa. Aceptó. Tomamos nuestros abrigos y nos dirijimos a nuestra zona. Ella no paraba de hablar ni un segundo, es de estas andaluzas que hablan por los codos, pero que tienen mucho salero. La chica tenía 33 años y enseguida ví que estaba bastante frustrada con los hombres en general, se autodenominaba feminista, pero estaba muy confusa y me dió a entender por sus palabras que buscaba un novio desesperadamente y estaba empezando a verme a mi como un buen candidato. Decidí seguirle el juego, lo cual fue un poco rastrero por mi parte, lo sé. Probablemente debí haber sido un poco más honesto y haberle dejado claro desde el principio que nada más allá de un idilio tórrido iba a ocurrir, pero tuve miedo de que por ello la perdiera. Llegamos hasta mi calle y seguí la misma secuencia que con la italiana. La propuse tomar un último vino en mi casa, aceptó sin dudarlo, subimos al último piso, le enseñé la terraza común que por lo visto le pareció fascinante la vista –era una maravilla la verdad– y después la mía. Pero muy a mi pesar, esta vez ella no se bajó los pantalones en mi terraza. Nos servimos algo de beber, nos sentamos en mi sofá y pusimos música en la TV. Fué muy difícil sexualizar porque ella no paraba un segundo de hablar y yo no podía encauzar la conversación. De alguna manera la besé y esta vez si ella me respondió de buena gana y comenzamos a enrollarnos. Cuando yo intentaba meterle mano, ella me apartaba y me decía que iba muy rápido. Así estuvimos toda la noche de tira y afloja, yo con un dolor de huevos mortal. Como vi que no iba a pasar nada apagué la luz y me dije que me iba a dormir. Al día siguiente, seguimos con el juego, y después de unas horas de tentarla, se puso en cuatro patas y me ofreció su culo para que la follara. De todas formas me encantó su energía y su cuerpo, muy buenas formas, además de pequeñita y manejable. Cuando se fué estuve sufriendo todo el día no sólo por la resaca sino también por el horrible dolor de huevos. Pero a la vez muy satisfecho por haber completada la seducción.
Idilio tórrido con la andaluza
Seguí viendo a la andaluza frecuentemente los días siguientes hasta que me fuí de Sevilla. Me agradaba su compañía y el sexo era muy bueno. Era una chica de campo, criada en un pueblo de muy pocos habitantes, de familia de ganaderos, y aunque llevaba unos años viviendo en Sevilla, seguía teniendo esa esencia de pueblo que de alguna manera me resultó muy adorable. Ella, aunque había estudiado en la universidad, tenía dos trabajos para pagarse el alquiler de un piso que compartía con estudiantes. Feminista convencida, era evidente que tenía un gran conflicto interno, ya que, al mismo tiempo que verbalmente se reafirmaba en su ideal, buscaba desesperadamente un hombre que le diera estabilidad a su vida. Cuando follábamos decía que se ponía nerviosa cuando yo dominaba, pero a la vez le volvía loca, me clavaba las uñas con fuerza, y sentía un enorme placer cuando la retenía y no la dejaba que cambiara de posición. Aún así nunca conseguí que llegara al orgasmo. Pero me encantó conocerla, me resultaba fascinante su autenticidad, su origen, sus contradicciones, su feminidad incontenible y su lucha interna. Fué un encanto conmigo y disfruté mucho del tiempo que pasé con ella.
Abandoné Sevilla con varios arañazos suyos en mi espalda y un sobre de jamón ibérico de su tierra que me regaló. Es un amor de chica y espero volver a verla.