España es mi tierra y sin ninguna duda mi terreno de juego favorito. No sólo me desenvuelvo mejor aquí por estar en casa, también el clima, el humor de la gente y el modo de vida hacen mucho más conveniente la socialización.

Entre otras cosas, muchos comercios como las tiendas de ropa de las calles principales están abiertos hasta las 21:00 o 22:00, por lo que hay actividad en la calle hasta tarde. Para los que tenemos horario de oficina esto es muy conveniente. Cuando estaba en Países Bajos, todas las tiendas cerraban a las 18:00 lo cual hacía imposible tener algo de acción durante la semana después del trabajo.

Una tarde después de trabajar, estaba caminando por Gran Vía con ganas de hablar con alguna, pero me sentía un poco frío. Abordé primero a una chica que resultó bastante simpática a pesar de mi atropellada apertura. Se dirigía al metro para volver a casa después de su jornada como dependienta de una tienda de ropa, pero conseguí entretenerla lo suficiente como para conversar unos minutos y quedarme su número. Esto me ayudó a entrar en calor, y gracias a ello la siguiente chica pudo distfrutar de una experiencia algo mejor.

Diez minutos después, en la Calle Preciados, me llamó la atención una chica con el pelo larguísimo, denso y rojo. Cruzamos miradas y fuí a hablar con ella sin dudar. Lo primero que le dije es que me había parecido interesante, no fuí excesivamente directo verbalmente, pero fuí juguetón, y hubo buen contacto visual. Creo que en este caso empezar sin mucha intensidad fué una buena decisión ya que más adelante me explicaría que al principio se sintió algo intimidada. Si hubiera ido muy lanzado desde el principio probablemente ella hubiera seguido caminando. En los pimeros instantes de la conversación le toqué el brazo para enfatizar algo que estaba diciendo y ella tuvo una ligera reacción a la defensiva. Yo me mantuve firme, haciéndola reir y poco a poco se fue relajando.

Para calmarla, le dije que aquí en Madrid hablar con una persona de esta forma en la calle es bastante normal, que seguramente no sería la primera vez que le había pasado. Esto lo suelo hacer cuando la chica es extranjera y he notado que ayuda a normalizar la situación. Conseguí que me hablara un poco de ella, me contó que se había mudado a Madrid hace poco y vivía con compañeros de piso. Me quedé su contacto, nos despedimos y le dije que si le paraba algún otro madrileño, tendría que decirle que ya le había parado otro hoy y que había tenido suficiente por esta noche.

Estuvo muy receptiva en todo momento por mensajes. Esa misma noche intercambiamos varios y terminamos la conversación al día siguiente. Como el día que la conocí me pareció algo reservada, le conté mi vida un poco y ella la suya. Unos días después la escribí y sin mucho lío acordamos una cita.

El día de la cita, hice una pequeña sesión de calentamiento. Andé muchísimo para solo 3 abordajes que resultaron en 3 rechazos.

A la hora acordada llegamos los dos puntuales a la parada de metro donde habíamos quedado. Cuando la ví me pareció mucho más guapa a cómo la recordaba. Realmente se vé que puso algo de atención por arreglarse y consiguió su objetivo. La chica tiene 32 años bien cumplidos, es delgada, mona de cara y ese pelo largo, teñido de rojo le dá un toque muy exótico.

Fuimos primero a un bar con mesas altas, bastante decente y empezamos ahí con una cerveza. En un prirncipio no hubo mucha conexión, la conversación se estaba torciendo y yo no conseguía dirigirla hacia un terreno más sexual. Algo que nos hizo chocar, fue la diferencia en cuanto a situación vital. Hablamos de trabajo y ella me contó que lleva poco tiempo en España, que vino a buscarse una vida mejor aquí, con el dinero justo para sobrevivir y va saltando de trabajo temporal en trabajo temporal. Estaba claro quién iba a financiar esa noche. Me metí de cabeza en el papel de proveedor, eso fue un gran error. Creo que debería haber dirigido la conversación a otros temas y evitar haber hablado de trabajo, pero parece que eso era lo que más le preocupaba y su tema favorito de conversación.

A pesar de esta situación, forcé algunas caricias en la pierna, cuello y pelo, algo torpe y descalibrado pero aparentemente tuvo buen rersultado. No lo esperaba realmente, pero ella empezó a dar indicadores de interés. En algún momento mencioné que ella iba a tener que dormir en el sofá, y respondió algo como “ah vale, que voy a dormir en tu casa, muy bien”. La situación me tenía muy desorientado, pero de alguna manera iba avanzando.

De ahí la llevé al mismo pub inglés al que fuí con Patricia. Me gusta este lugar porque tiene un ambiente relajado, la música no está muy alta, y hay un sillón tipo Chesterfield que —si tienes la suerte de encontrar libre— es ideal para provocar roce y empezar a meter mano. Pedimos un par de cervezas en la barra y ella nisiquiera hizo el amago de pagar. Nos sentamos en el sillón y puse mi brazo alededor de ella. Ella respondió positivamente todos mis avances, así que me lancé a besarla.

Desde que empecé a ver que estaba caliente en el primer bar había estado metiendo en su cabeza la idea de que esa noche la iba a “secuestrar”. Sería sobre la una de la mañana y ambos estábamos bastante borrachos, cuando le dije que avisara a sus compañeros de piso, que iban a ser 3 millones de euros por su rescate. Con ese estúpido pretexto la saqué del bar, nos metimos en el primer taxi que pasó y la llevé a mi casa.

Cuando llegamos puse música y saqué dos latas de cerveza. Ella nisiquiera abrió la suya y yo no debería haber abierto la mía. Mientras nos enrollábamos en mi sofá empecé a desnudarla, dejándola solo en ropa interior. Me gustó lo que ví. Muy buena figura, delgada pero con curvas, muy latina en el mejor sentido.

Hasta ese momento todo bien, después de algunos preliminares en ropa interior la llevé a mi cama. Cuando le quité las bragas me encontré algo que me dejó en shock. La tía iba completamente rasurada, excepto en la raja de su culo. Parecía el culo de un hombre, todo lleno de pelos bastante largos y rizados. Habría comprendido si fuera peluda en otras partes, pero me pareció impactante que se depilara absolutamente todo el cuerpo salvo los pelos del culo. Aún así esto no iba a pararme en mi misión, ya estaba demasiado perro como para retroceder, y en estas situaciones el instinto puede contra cualquier obstáculo. Me puse un condón, se subió encima de mi y empezó a cabalgarme. Ella empezó excesivamente violenta y yo estaba tan borracho que empecé a perder la erección. Pero ella estaba tan enfocada en machacarme la polla que siguió con mi pene a medio gas dentro de ella. No sé ni cómo me corrí en pocos minutos.

Me quité el condón y ella empezó a pajear mi flácida salchicha en un intento desesperado por excitarme de nuevo. Obviamente no funcionó. Le dije que estaba borracho y cansado y quería dormir. Apagué la luz y nos abrazamos debajo de las sábanas. En el mareo de mi borrachera, yo la acariciaba y ella seguía como perra en celo frotándose contra mi. Después de un rato, consiguió ponerme duro de nuevo y finalmente pude follarla en condiciones durante un buen rato hasta dejarla algo más satisfecha, aunque creo que no tuvo ningún orgasmo. A pesar de todo me gocé bastante este segundo asalto, admirando la escena en el reflejo del espejo de mi habitación. Desde esa perspectiva no veía su culo peludo.

A la mañana siguiente me levanté sin decirle nada, y empecé a trabajar en mi ordenador mientras sufría la resaca. Ella se quedó un rato más durmiendo. Se duchó, desayunó y se quedó un rato mirándome mientras trabajaba. Me dijo que “tenía que sentirme muy solo en esta casa tan grande”. Fregó los platos sucios del día anterior que tenía en mi cocina. Al fin decidió irse, así que la acompañé a la parada de metro y nos despedimos. Intercambiamos algunos mensajes ese día, pero desde entonces ninguno de los dos hemos vuelto a establecer comunicación.